Liminar
Suplico, nobles lectores
deste muy ameno espacio,
tengan en bien la opinión
que se les ofrece abajo,
pues no busca concesión
de consejo ni de halago,
ni es, a lo que se pensare,
de hombres necios ni hombres tardos
una historia que involucre
mancebas y enamorados;
es el encuentro casual
de una fembra con su macho
a que en tarde de domingo
acudieron y se amaron,
y al finalizar la hazaña
cada cual por separado
hacia su vida vivir
partió sin haber mirado
lo que tras de sí dejaba,
ella alegre y él cuitado;
la una por su natural
despejo y ser animado,
el otro porque entendió
la condición y el estado
de su persona en el mundo
y de su alma en lo que es creado.
Es una fábula fiel
de una Venus, que alquilando
su tiempo y cuerpo realiza
un erótico Parnaso
que diera a toda deidad
el carácter de mundano,
y de un varón que es poeta,
preceptor, hombre y goliardo,
cuya soledad impía
largos días torturando
su corazón y su quid
llevaba sin remediarlo
poder él ni hallar la forma
en que fuera esto logrado.
Si el final aquí no apunto
es porque aún no ha llegado,
y porque acaso tuviera
ocasión de imaginarlo;
mas diré con humildad,
nobles lectores, senado,
sepan dispensar las faltas
que se fueran encontrando,
pues sabrán de sobra que
soy tan varón como humano
y cuanto hubiera perfecto,
por sólo sufrir mi trato,
es natural que termine
de una forma mancillado,
y aunque son ciertos los tintes
de confesión y relato
desta verídica historia,
con decirla redención
alguna vengo buscando.
Quien de otro lar me conozca
por mi estilo o por acaso
haberme visto una vez
o haber conmigo tratado
ya entenderá las mis penas
y en esto desentrañando
una u otra situación
irá de la historia al paso
sin mayor dificultad
que quedar mal enterado
si las formas le vencieran
y no el mensaje guardado.
La noche llega al cenit perfecto en que se llama media y da comienzo al umbral del nuevo día, y yo no me acuesto por querer, antes de entregarme a un sueño que temo por desconocido y seguramente terrible, sacar de mi alma lo que aquesta tarde ha acontecido en una calle vieja del centro. Hoy necesite caricias y pecado, y llamé a una meretriz que se anuncia bajo un nombre sonoro y piadoso como ella: América.









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