Hoy no vendrás a verme. Anoche dijiste que volverías, que esta vez te quedarías conmigo; pero era mentira. Te espero ansioso, imagino que llegarás en cualquier momento, que ni siquiera me daré cuenta cuando entres en la cama, ¡qué iluso! Me pondré, como siempre, a tontear, esperándote, pensaré en levantarme e ir por una taza de leche, quizá hasta releer algún libraco que encuentre por ahí, en lo que llegas. Titubeo, me revuelco, me enrollo entre las cobijas, aún no llegas. Pienso que no es justo, me lamento, lloriqueo, incurro en el cliché de maldecir mi mala ventura, a la postre es lo único que puedo hacer. Qué gracioso, la conformidad al final de la impotencia es también un cliché muy detestable. Suspiro, me canso, desespero, de súbito pienso que has llegado; pero apenas es un bostezo cansino. Miro el reloj, el amanecer se acerca, comienzo a notar que me posees de lejos. Te maldigo ahora con todas mis fuerzas, toda la noche te esperé y ahora que habré de levantarme en cosa de minutos, es cuando comienzas a darme, sueño.
¡Cuento Publicado!
Hace 1 año.









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