Beldad dichosa que poesía te llamas,
en claustro de paredes de diamante
no más tu pecho y corazón amante
busque en cenizas ardorosas flamas
que puestas al servicio de las damas,
cual eres por virtuosa e importante,
rebasen con el dios Amor avante
la condición de sierva de quien amas.
Oh, dulce musa, fuera del encierro,
del que tu edad y condición exige,
aguarda el triste pecho enamorado
que el mal de tu despecho y tu destierro
suave agonía en vida le dirige
por ser tu vida su único cuidado.









0 tuvieron la decencia de rayarle la madre:
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