Es natural que los hombres se pregunten cosas sobre el poder. Aquí no se tratarán esas preguntas. Son estúpidas, y estúpidos los ensayos que las tratan. A lo largo de mi trayectoria he leído tanta bazofia semejante que me veo obligado en este primer acercamiento al tema del poder, a tratar rápidamente de qué carecerá el presente texto.
En primer lugar, aquellos ensayos que se tratan de los cambios lingüísticos entre un código determinado (miedo, enojo, hipocampo, comportamiento sexual), cuyo notorio propósito es llenar páginas porque su contenido es pobre. Cuando un tema no da para más lo recomendable es no alargarlo con tonterías de semblanzas y contextos. Más de una vez he revisado tesis doctorales en que la biografía del erudito al que se dedica y aún la del autor se funden y entremezclan en confusa introducción que, a falta de mejor término, diré resultan patéticas. También deben descartarse aquellos puntos irrelevantes, que si bien son ornatos apreciables no tienen sentido alguno ni razón de ser dentro del texto. En este punto no me detendré porque no viene al caso.
En segundo lugar están esos graves ensayos en que lo principal es desmentir a quienes nos han desmentido primero. G. Genette ya diría que la escritura de semejantes textos es ingenua, por demás infantil y, por si fuera poco, ridícula. Un niño de cinco años, dice Genette, tiene más capacidad que este individuo. Y si tuviera razón yo lo diría, sin embargo no la tiene: los individuos de natural no tienen capacidad, los niños de cinco años apenas la desarrollan.
El tercer puesto lo tienen aquellos documentos cuyas ideas redundantes y mal expuestas apenas son superadas por la pobreza de estilo, la falta de inteligibilidad y la consecuente ininteligibilidad de su contenido. Esteban Fredin apunta: «Imaginemos que se debe deletrear ‘ininteligibilidad’ en un spelling contest, ¿cómo lo harían? I, ene, i, ene, gilibilidad por seguro». Sobre Fredin se tratará más largamente en otra parte.
Finalmente debe tenerse en cuenta que el poder no es caso de ensayos ni de entendimientos humanos, como las preguntas que ya se ha dicho no se tratarán ni por pienso en esta parte. Así que más vale quedar conscientes que el poder viene, llega, se queda y se va.









4 tuvieron la decencia de rayarle la madre:
" Aquí no se tratarán esas preguntas. Son estúpidas, y estúpidos los ensayos que las tratan" jajaj. te consagraste con esa frase. arrozzzzzzzzzzz
"Esteban Fredin apunta:" Has convertido en realidad el sueño de Esteban Fredín, expresado hace un semestre, una noche en el Tec, luego de comer papas matonas y descubrir que el segundo piso de biblio estaba cerrado "bah! ¿quiénes son ellos para ser citados? ¿Es porque tienen un doctorado? Pues yo digo que mi voz es tan buena como la de ellos".
recordé un poema de Roger Wolfe sobre un músico que decía "Llega. Toca. Lárgate" algo así era sobre lo inútil de escribir.
Espero mejores mucho, hermano.
Tranquilo, el verano será distinto este año.
Saludos
Veronique ➪ Gracias por tomarte el tiempo de pasarte por este espacio. Lamento que haya sido una desilusión por un período de cuatro días, aproximadamente. Espero que sigas visitando, trataré de mantenerlo actualizado. Desapareció por un accidente, digamos… ya me conoces, entro en crisis y el mundo—mi mundo—se reduce a ceniza. Pero ahora creo que tendré ansias de cantar y contar las cosas, quizá narre algún acontecimiento a lo literario. La cosa es que este blog es sólo para literatura y ya lo personal lo actualizo en otro lado. Estamos en comunicación, saludos.
Jonathan➪ Gracias, hermano. Pues sí, el verano será diferente. Entre mis entrañas estoy ardiendo por algo y todavía no sé qué es. Parece que hoy desperté con necesidades que se alejan sustancialmente de la lascivia y el pecado. Temo reformarme; pero temo más seguir siendo yo. Una anciana que leía las cartas me dijo que me torturo sin motivo, y me mostró un mazo repleto de dagas y puñales… a veces quisiera ver esas cartas y decir que es cierto, que no existen motivos para nada. ¿Existen? Ay, la existencia duele más cuando se contiene en una carta de Marsella.
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